57. LA VISITA DE HORACIO

Mi ceja izquierda está subiendo tanto que seguro ya está cerca del techo. ¡Especial fueron las mentiras! Especial la manera en que lo atrapé con su secretaria en mi cama. Especial como desapareció como un fugitivo y me dejó sola lidiando con todo y criando a mis hijas.

—Mira, Horacio, no tengo tiempo ni ganas para tus tonterías —respondo, tratando de mantenerme firme—. Te lo voy a decir de nuevo: no puedes quedarte aqu&iac
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