Mundo ficciónIniciar sesiónDespués de salir con su abuela de la empresa, no he sabido nada de Robin. No me atrevo a llamarlo a su teléfono. Son las nueve de la noche, y salgo de mi trabajo. Llego a mi auto y me asusto al ver una sombra sentada junto a él en la acera. Se levanta al verme. Es Robin. Se acerca, sin darme tiempo a reaccionar, y me abraza fuertemente contra su pecho.
—¡Perdón, Ema, perdóname! —me pide, desesperado—. ¡Nunca más deja






