167. EL LABORATORIO DE MAMÁ
Subimos a mi casa superior; realizo el baño pensando en lo difícil que fue para mí aceptar que mamá se había ido, que nunca más la volvería a ver. ¿Cómo vamos a hacerle entender eso a una máquina? Pienso, cuando todavía ni yo misma lo entiendo ni lo acepto.
Robin hizo una rica comida: unos filetes de pescado con vegetales. Para mi suerte, lo comí todo y me cayó muy bien. Luego me entró sueño, y me dormí plácidamente entre mis suaves sábanas. Añoraba mi cama.
Hace más de una semana que Iris nos dijo del laboratorio secreto de mamá, pero no nos deja verlo. Ella está esperando a mamá. Por mi parte, me siento mucho mejor con todas las vitaminas que estoy tomando y con la rica comida que me hace Robin. Abrimos la empresa, y todo marcha muy bien. Robin está enfrascado en sus hoteles; apenas lo veo durante el día. Todos están muy felices con la noticia de que estoy embarazada. Todos me cuidan mucho. Yo también lo hago, no quiero que le pase nada a mis bebés.
— Buenos días, Ema —me saluda Jo