Mundo ficciónIniciar sesiónEl doctor suspiró profundamente, como si explicarnos algo tan evidente lo agotara más que los propios análisis. Robin, por su parte, ya estaba al borde de levantarse de la silla, listo para agarrar el expediente y leerlo él mismo.
—No es una enfermedad maligna. No dramatice, señora Ema —respondió el doctor, tratando de ocultar un leve suspiro de exasperación. Si hubiera tenido un pizarrón blanco detrás, probablemente nos habría hecho un diagrama para explicarme. Frunce el ceño y mira fijamente a Robin, que tiene la misma expresión de no entender. —¿Entonces? —inquirió Robin—. Porque mi esposa está a punto de hiperventilar, y a este paso, el que necesitará asistencia médica seré yo. ¿Qué es lo que tiene? Lo que sea, dígalo; por el dinero no se preocupe, ambos tenemos má






