136. UNA CONFESIÓN INUSUAL
RENATO:
Me quedo en silencio, mirando a Emily, que sigue acurrucada en mis brazos para mi incredulidad. Seguro me trata así porque todavía debe estar bajo los efectos de la enfermedad. No me muevo. Sin embargo, ella me toma la cara, levanta la cabeza y me besa suavemente en los labios.
—¿Sabes que me gustas mucho, Renato? —Abro los ojos asombrado y trato de alejarme. Seguro está delirando, por lo que le toco la frente.
—Desde la primera vez que te vi. Me gustas tanto que no sé cómo escapar de ti.
—¿Quieres escapar de mí? —pregunto realmente desconcertado.
—Sí, quiero terminar primero mi carrera antes de enamorarme —contesta mientras mete su cabeza en mi pecho—. Pero tú me lo has puesto muy difícil.
La sangre prácticamente se me congela en las venas de puro pánico masculino. ¿Qué se supone que estaba pasando aquí? Ayer mismo esta mujer apenas si me dirigía la palabra, y ahora estaba usando mi pecho como almohada y confesándome que le gusto. Quise reírme, pero temía que saliera un sonid