135. CONTINUACIÓN
Robin desvía la mirada de la carretera lo suficiente como para mirarme, pero no lo suficiente como para que pueda leerlo bien.
—No pasa nada, linda —responde finalmente.
Pero su tono no me engaña; ese “nada” tiene peso, tiene pausas que no confirman del todo sus palabras. Lo observo, entrecerrando los ojos, y cuando siente que estoy a punto de insistir, suspira y suaviza su tono.
—Hoy no ha llamado Renato —cambia de tema. —Está nevando mucho.
Nos quedamos en silencio mientras seguíamos ava