137. SERÉ TU NOVIA
EMILY:
Abrí la boca, claramente lista para lanzarle un sermón, pero lo único que logré fue cerrar los ojos con frustración y soltar un suspiro largo por haber sido yo quien lo dijera primero. Me tomó un segundo darme cuenta de que estaba mordiéndome el labio, como si tratara de contener todo lo que quería gritarle.
—¿Quieres ser mi novia? —preguntó Renato con incredulidad.
—¡Sí, quiero! —Sentí cómo mi rostro se llenaba de rubor—. Pero tú nunca demostraste que te gustaba.
—¿Cómo lo iba a hace