—Te ves impresionante—, me felicita Heather mientras entro al local.
Me río entre dientes, acariciando mi vestido sin tirantes, color ciruela y largo hasta el suelo. Es más una muestra de mis nervios que pensar que algo anda mal con mi vestido. Me aseguré de que no hubiera nada. Todo es perfecto. Cada mechón de pelo recogido con un broche negro en la nuca. El vestido, ceñido a mi cintura, fluyendo desde allí. Tacones negros lo suficientemente cómodos como para estar de pie toda la noche. Pulser