—Déjame. Ir. Zeky.— Lo miro a los ojos, deseando que vea el fuego en los míos. Que estoy tan enojada con él ahora mismo. Me ha dolido tanto durante días. No soporto su contacto. No lo quiero, pero lo anhelo con todas mis fuerzas. Necesito que me deje ir, para poder retirarme a mi auto y reprenderme por haber entrado aquí.
—No—, afirma, y luego su boca se cierra sobre la mía.
Me apreté contra su pecho mientras sus manos soltaron mis brazos para deslizarse por mis costados. Sus labios presionaron