Él acorta la distancia que los separa y pone las manos en sus caderas. —Te digo que te ves tan sexy que si no me muero por oírte prometer, te estaría arrastrando de vuelta a la habitación del hotel para follarte ahora mismo—.
—De acuerdo—, dice Sarine con voz alegre. —Es hora de irnos—.
Sonrío, viendo a Chary intentar contener la sonrisa mientras Sarine me lleva. —Oye, quiero ver adónde me lleva eso—.
Ella se ríe y luego dice: —Estoy segura de que si quieres oír palabras sucias, hay dos hombres