Me despierto, esperando un cuerpo delante y detrás de mí, pero solo hay uno. Antes siquiera de abrir los ojos, ya sé quién faltará. El brazo de Herson me rodea y los tatuajes de su pecho aparecen al abrir los ojos.
—Buenos días—, retumba su voz profunda bajo mi mejilla.
Empiezo a sentarme, pero siseo, lo que sólo le hace sonreír y pregunta: —¿Dolorido?—
Lo miro con los ojos entrecerrados. —No tienes que ponerte tan contento—.
—Me gusta la idea de que recuerdes lo que hicimos con cada movimiento