Anna abrió la boca, atrapada entre la sorpresa y el dolor, queriendo preguntar por qué la señora Petrova había osado levantarle la mano. Pero antes de que pudiera pronunciar palabra, ella alzó su brazo nuevamente, dispuesta a golpearla por segunda vez.
La rabia acumulada en Anna brotó de golpe. En un impulso feroz, atrapó la muñeca de la señora Petrova en el aire, apretándola con tal fuerza que la piel bajo sus dedos empezó a ceder.
La mujer emitió un grito ahogado de espanto y de miedo, algo