Mientras se desvestía, Mikhail dejó caer la camiseta al suelo, con su mirada fija en el espejo del vestuario. Su reflejo le devolvía una imagen que odiaba: el hombre que una vez fue poderoso y fuerte ahora estaba roto, incompleto. La cicatriz en su espalda parecía brillar bajo la luz fluorescente, recordándole que, sin importar el esfuerzo, no iba a caminar tan perfecto como antes.
Escuchó pasos detrás de él y se tensó. Anna había entrado al vestuario masculino sin decir palabra, con una expres