Perspectiva: Caleb
La paz tiene un sonido ensordecedor.
Hacían exactamente treinta y dos días desde que las frías aguas del Atlántico se habían tragado el cadáver de Lorenzo Costa. Treinta y dos días desde que el inframundo de Nueva York había agachado la cabeza, aceptando nuestra soberanía absoluta. Nuestros imperios corporativos estaban en su punto más álgido. Las cuentas bancarias rebosaban de dividendos intocables.
No había sicarios en las calles. No había francotiradores en los tejados. Ha