86. MARIA ISABEL lll
Pía abre los ojos incrédula de que Maria Isabel se haya atrevido a hacer algo como eso con un completo desconocido por lo que exclama sin poder contenerse.
—¡Pero señorita, estaba usted loca! ¿Cómo pudo hacer eso?
María Isabel sonríe al escucharla y ver e intenta justificar su acción, recordando su estado de intoxicación.
—Ya te dije, Pía, que estaba medio drogada. Él abrió los ojos suavemente y me miró sin decir nada. Me atrajo hacia él y me besó profundamente. Me encantó, Pía. Nunca he pod