32. MARIA ISABEL
Me quedo allí, en silencio, mientras las palabras de mi suegro resuenan en mis oídos. La emoción me embarga, y me doy cuenta de lo afortunado que soy. Después de haberme sentido tan solo en el mundo, ahora tengo a Evelin, mi esposa, y a su padre, que me ama como a un hijo.
Recuerdo los días oscuros, cuando la tristeza y la soledad eran mis únicas compañeras. La muerte de mi padre había dejado un vacío en mi vida que parecía imposible de llenar. Me sentía como un barco a la deriva en un mar temp