La tensión sube como la espuma.
Los médicos se quedaron en su mesa perplejos y furiosos juraron vengarse de la ofensa que Rafael Mendoza les había hecho. Esos miserables eran unos traicioneros de mala entraña.
El CEO subió a Emma a su coche y arrojó sus cosas a la parte de atrás, le abrochó el cinturón de seguridad y pronto subió el también al auto para salir de inmediato del estacionamiento.
Emma no pudo resistir más y habló.
— Rafael, regresa allá y arregla las cosas.
— ¿Arreglar qué? No haré negocios con esos mal