CAPÍTULO 34. Sueño o delirio placentero.
Narra Irina.
Corría tratando de que un papalote que tenía en mis manos volara alto, pero no lo lograba. Rendida y riendo como nunca antes lo había hecho, me dejé caer en medio de las malezas, que están bastante altas, y aquí nadie me podría ver si pasara por mi lado, ya que la hierba salvaje me tapa.
Levanté una mano para cubrir mis ojos de los rayos del sol, pero, como si este fuera mi mundo mágico, pasé de estar en medio de un sol que picaba a estar bajo una sombra sumamente placentera, y sop