85. LA VERDAD II.
—Esto no está bien —las mejillas sonrojadas de la mujer eran preciosas, sus pecas se veían más lindas que nunca.
—Lo sé, pero tu…
—Si nos descubren…
—No va a pasar nada, somos adultos, Lára —los labios del hombre rodaban libres por el cuello delicado y delgado de Lára.
—Gisli, por favor —era una súplica por parte de la mujer, lo deseaba, lo necesitaba.
Lára no había sido tocada en poco más de una década por ningún hombre, su esposo ya no despertaba ningún tipo de pasión en ella, más bien sentía