65. UN LIGERO GOLPE.
Daven miraba por la ventana, sus ojos estaban fijos en mí y en Ivar que acariciaba mis mejillas tiernamente, las cosas estaban tan bien que realmente parecía un cuento de hadas. Pero yo no creo en cuentos de hadas y mis alertas estaban activas, la vida me había enseñado que las brujas eran más reales que las hadas madrinas.
—No quiero separarme de ti.
—Ivar, tienes que trabajar y yo…
—Ya sé, pero lo odio.
—¿Odias trabajar?
—No, odio… perder el tiempo con mi padre, parece que las provoca