41. EL ANILLO.
Isak no dejaba de llamar y yo no quería contestarle a pesar de que estaba frente al lugar.
Estaba nervioso, había ensayado mucho para esto, pero parecía que después de todo no estaba preparado.
—Ivar, ¿quieres que nos vayamos? —Valeska me sacó de la tormenta de pensamientos en la que estaba hundido.
—No, debo hacerlo, se lo prometí a mi hermano y ya firmé los documentos legales, no hay vuelta atrás.
—Entonces vamos, se que tú puedes.
Cuando vi a Valeska metida entre ese vestido negro de lent