36. EL MIEDO Y EL TERROR.
Mis pies andaban de aquí para allá, algo me decía que Ivar no iba a estar bien, que no debía ir y que yo no debí haber dejado que se marchará de casa.
—¿Por qué no lo buscas? —La voz de mi abuela en la habitación me sacó de mis peores pensamientos.
—Porque va a creer que soy una celosa.
—O que estas preocupada por su bienestar.
—Abuela, yo creo que...
—¿Qué? —¿Qué es lo que crees Valeska?
Que tal vez Ivar salga herido, que lo maten, que sus ojos se apaguen, que tenga que verlo lleno de san