35. LA ÚLTIMA PELEA.
Me abrace a su cintura cuando mi cuerpo casi desnudo tocó el colchón.
—Llegas tarde —yo la creía dormida.
—Joshua —ella sabía a lo que me refería.
—Ivar, ya te dije que no es necesario que regreses, ahora gano un poco más y mantendré las alacenas llenas, pagaré las cuentas de la casa y...
—¡Ey! nena, no es necesario —acallar sus palabras con un beso y un mordisco en ese hermoso cuello.
—Promételo —dijo mientras sabía que estaba mirando al horizonte.
—¿Qué?
—Que no volverás a pelear, que