15. LA VERDAD.
—Puedo pasar por ti —le aseguré mientras me entregaba el casco, eran las 9:55 de la mañana y estábamos frente a un pequeño restaurante de una zona de la ciudad que era conocida por su amplio catálogo cultural.
—No... —sonrío—. No es necesario. Tu debes trabajar y...
—Está bien, prefiero venir por ti a que tomes el transporte público, llegar a casa puede ser peligroso y demasiado solitario —dudo antes de aceptar.
—De acuerdo, te llamo antes de salir, para que no tengas que esperar demasiado.
—E