Capítulo 76. El peso de ser su esposa.
Amy Espinoza
Por la tarde el cielo de la ciudad parecía un lienzo recién lavado: azul, limpio, con un sol que se colaba en las calles, como si quisiera animar a todos a salir. Yo, en cambio, llevaba un torbellino en el pecho.
Porque a pesar de haberlo hablado, no podía dejar de sentirme afectada por la inquietud de Maximiliano. No era nada evidente, él sabía disimular mejor que nadie, pero lo sentía en la forma en que apartaba la mirada, en esos silencios más largos de lo normal.
Cuando el coch