Capítulo 321. El mensaje final.
Maximiliano Delacroix
La noche estaba tranquila. Demasiado tranquila, si me paraba a pensarlo.
Estábamos en la sala de estar de la casa. Amy estaba sentada en el sofá, con las piernas subidas sobre mi regazo mientras leía un guion para una posible producción futura de un musical. A pocos metros, en el corralito, nuestro hijo dormía plácidamente, ajeno al mundo.
Acaricié el tobillo de Amy, sintiendo esa paz que tanto nos había costado conseguir. Después de la tormenta con Adrián, después de los