Capítulo 318. Te ofrezco una resurrección.
Luciana Velasco
Sentí el aire escapar de mis pulmones. Y las palabras parecieron escapar de mi garganta.
Rivas interpretó mi silencio como una respuesta positiva. Se inclinó ligeramente hacia adelante sobre la mesa de metal atornillada al suelo. El movimiento fue elegante, calculado.
El olor de su colonia, una mezcla de madera cara y cítricos importados, invadió el aire viciado de la pequeña sala de visitas, golpeándome como una bofetada. Olía a dinero. Olía al mundo que yo había perdido. Olía a libertad.
—Tú eres la llave, Luciana —dijo con esa suavidad aterciopelada que helaba la sangre mucho más que cualquier grito—. Piénsalo. Maximiliano ha blindado su vida. Después de lo ocurrido, después de todo el escándalo, se ha vuelto paranoico. Tiene un ejército de guardaespaldas, sistemas de seguridad de grado militar, rutas alternas que cambia cada semana. Su nueva casa es un búnker.
Hizo una pausa, mirándome con una mezcla de lástima y repugnancia que me hizo querer escupirle. Pero no