Capítulo 319. Esto es por ustedes.
Rivas me estudió unos instantes. Buscaba la mentira, pero solo encontró la desesperación de una mujer vanidosa que quiere recuperar su belleza. Sonrió. Una sonrisa de tiburón que acaba de oler sangre fresca en el agua.
—Sabía que eras una mujer razonable. Al final, todos tenemos un precio, ¿verdad, Luciana? Y tú siempre has tenido el tuyo.
—Todos —confirmé, tragándome la bilis.
—Tienes dos días —ordenó, poniéndose de pie y alisándose el traje impecable. Ni una arruga. Era la imagen del poder—.