Capítulo 319. Esto es por ustedes.
Rivas me estudió unos instantes. Buscaba la mentira, pero solo encontró la desesperación de una mujer vanidosa que quiere recuperar su belleza. Sonrió. Una sonrisa de tiburón que acaba de oler sangre fresca en el agua.
—Sabía que eras una mujer razonable. Al final, todos tenemos un precio, ¿verdad, Luciana? Y tú siempre has tenido el tuyo.
—Todos —confirmé, tragándome la bilis.
—Tienes dos días —ordenó, poniéndose de pie y alisándose el traje impecable. Ni una arruga. Era la imagen del poder—. Volveré en dos días y espero que tengas algo útil para mí. Si ese día me das algo que sirva para atrapar a Max o a su familia, te sacaré de aquí antes de que caiga la noche.
—Tienes mi palabra —dije.
—Más te vale. —Se inclinó una última vez, invadiendo mi espacio personal—. Porque si intentas jugar sucio, o si le avisas… recuerda que aquí adentro los accidentes ocurren muy fácil. Una caída en las duchas, una comida envenenada… No tienes a nadie, Luciana. Solo me tienes a mí.
—No jugaré —respondí