Capítulo 290. El nombre que ya estaba escrito en mi corazón.
Amy Espinoza
El mundo debería detenerse cuando nace un hijo.
Debería hacer silencio. Debería inclinarse, o brillar más fuerte, o por lo menos avisarte que nada volverá a ser igual.
Pero no. El mundo siguió siendo ruido, máquinas, pasos, puertas, voces.
Y aun así, ahí estaba yo, en una cama blanca, con la piel sudada, el cuerpo adolorido y el alma… llena. Completamente llena.
Mi hijo dormía sobre mi pecho, tibio, con ese olorcito a vida recién estrenada que no se parece a nada en la tierra.
Max