Capítulo 289. El día en que mi vida cambió otra vez.
Maximiliano Delacroix
Había pasado ya mes y medio desde que Montenegro murió, desde que Velasco y Alejandro dejaron de ser una amenaza, desde que pude volver a respirar sin sentir que llevaba un arma apuntándome a la nuca.
Era raro.
La paz.
Inquietante, casi sospechosa. Pero ahí estaba.
Amy estaba en la recta final del embarazo. Y cuando digo recta final, me refiero a esa etapa en la que una mujer embarazada puede mirarte desde el sofá, levantar un dedo… y tú ya sabes que tienes que correr.
Esa mañana, estaba terminando una videollamada con el equipo de seguridad cuando escuché un quejido suave desde la habitación.
Un sonido que no pertenecía al cansancio. Ni al fastidio. Ni a un mal sueño.
—Max… —llamó Amy.
Mi corazón saltó primero que mis pies.
Abrí la puerta.
Ella estaba sentada en el borde de la cama, una mano en la espalda, la otra agarrando la sábana como si quisiera arrancarla de raíz.
—¿Estás bien? —pregunté, acercándome.
Ella levantó la cabeza y me miró con esa mezcla de tern