Capítulo 279. El contrato que me arranca del mundo.
Adrián Soler.
Mientras el coche recorría los kilómetros que me separaban de mi destino, todavía sentía el corazón golpeándome como si hubiera corrido una maratón. No era cansancio.
Era otra cosa. Era rabia, decepción, orgullo herido… y esa sensación maldita de haber visto algo que no quería ver.
No quería pensar. No quería procesar nada. Solo avanzar. Y esa sensación se acrecentó, después de haber conversado por teléfono con Pandora y haberle dicho todo lo que le dije.
Algo dentro de mí me cuestionaba y me decía que me estaba equivocando, pero yo acallé esa voz, no quería cuestionamiento, porque no quería reconocer, que me estaba comportando como un patán y todo por miedo a ser lastimado.
El taxi me dejó frente a la Torre Argentum, ese edificio majestuoso, elegante y perfectamente alineado con todo lo que yo siempre quise ser, exitoso, admirado, sin embargo, no me sentía satisfecho.
No podía quitar ese sabor amargo de mi boca. Trataba de lucir sereno, como un hombre que no se dejaba