Capítulo 200. El precio de ser un héroe.
Maximiliano Delacroix
Por un instante, no dije nada. Solo lo observé.
Adrián estaba frente a mí, con las manos entrelazadas, los hombros tensos, los ojos fijos en el suelo. No había arrogancia en su postura, ni rastro del actor altivo que había desafiado al mundo en el pasado. Había rendición.
Pero no la rendición del cobarde. Todo lo contrario, era la de alguien que ya había aceptado pagar con su propia vida, si eso servía para proteger lo poco que le quedaba.
—No quiero que me defiendas más,