Capítulo 194. La cruda verdad.
Adrián Soler
Las cámaras seguían grabando.
Esa sensación no desaparecía: la de estar desnudo frente a un país entero… pero vestido.
Marina cruzó una pierna sobre la otra, y giró apenas su bolígrafo entre los dedos. Ese gesto tenía filo. Era la clase de gesto que uno hace antes de apretar un gatillo verbal.
—Hablemos de hechos entonces —dijo ella, con una calma que sabía a sentencia—. Usted dice que no es un asesino. Bien. Pero… ¿Qué hay de todo lo que sí hizo?
No había reproche en su tono. Habí