Capítulo 128. Tan cerca, pero tan lejos.
Maximiliano Delacroix
Por un segundo pensé que todo lo que había pasado también quedaría atrás, como un paisaje que se pierde en la distancia.
Pero no.
Nada de lo que sentía se quedó allá abajo.
Amy estaba en su asiento con Mía dormida sobre su regazo.
La niña tenía el cabello pegado a la mejilla, exhausta, con los labios entreabiertos.
Amy le acariciaba el pelo de vez en cuando, con esa suavidad que me partía el alma.
Las dos parecían tranquilas, pero yo sabía que no lo estaban.
La conozco dem