Capítulo 122. El eco de una ruina.
Adrián Soler
El silencio que quedó tras aquella maldita llamada me estaba ahogando. No era un silencio cualquiera. Era un silencio que me gritaba que todo lo había perdido, que mi mundo se estaba haciendo pedazos delante de todos y que el único que sonreía era él, ese desgraciado.
Mis manos temblaban. El papel con la custodia arrugada todavía estaba en mi puño, pero ya no parecía un documento, ya no parecía nada. Pesaba como un pedazo de basur4. Y, sin embargo, lo sostenía como si aún pudiera s