Capítulo 108. El método que prefiera.
Maximiliano Delacroix
El murmullo de la multitud todavía resonaba cuando los agentes se llevaron a la niñera. Las luces de las patrullas parpadeaban en las paredes como relámpagos azules y rojos, bañando de un resplandor de guerra el salón de los Velasco.
La mujer iba encorvada, arrastrando los pies, y yo no aparté la vista de ella hasta que el portón se cerró tras su figura. El frasco de pastillas seguía tibio en mi mano. Lo apreté hasta sentir el plástico ceder, como si en ese gesto pudiera d