Capítulo 107. La vamos a encontrar.
Amy Espinoza
El eco de mis propios pasos retumbaba en el pasillo, como si alguien golpeara un tambor detrás de mí. Cada latido de mi corazón era un golpe más fuerte que el anterior.
La niñera apenas se sostenía, su cuerpo era un peso muerto que me obligaba a tirar de ella con fuerza. El frasco de pastillas tintineaba en mi mano, un sonido que me crispaba los nervios y que parecía gritar la palabra, negligencia a cada movimiento.
No podía creerlo. Mía desaparecida y la mujer a la que le confié