Capítulo 103. A mi hija no.
Adrián Soler
Cerré la puerta de la habitación con un clic seco. El sonido rebotó en el pasillo como un eco de mi propia rabia.
Me quedé un momento allí, con la mano en el picaporte, respirando hondo, intentando que el aire me enfriara la sangre. Pero no. El fuego seguía corriendo por mis venas, caliente e implacable.
El nombre que Mía había dicho, Max, me martilleaba en la cabeza. Una y otra vez. Como un tambor. Como una burla.
Ese hombre. Ese maldito Maximiliano Delacroix.
Sentí que la mandíb