Asiget llevó una mano hacia abajo, apoyándola sobre la cabeza de Raihan bajo la mesa para detenerlo. Asya, por su parte, no podía imaginar ni remotamente lo que estaba sucediendo debajo de aquel enorme mantel. Desde su posición solamente veía a Asiget sentada frente a la mesa servida.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Asya—. ¿Desde cuándo almuerzas en el comedor?
Asiget intentó recomponerse como pudo y tuvo que hacer un enorme esfuerzo para que su voz no sonara extraña.
—S-solo por esta vez… me fue c