Raihan soltó una pequeña risa juguetona. La miró con una expresión traviesa, casi maravillada, porque jamás habría imaginado que detrás de aquella apariencia reservada existiera una mujer tan apasionada, atrevida y deseosa. Y, para su sorpresa, descubrir esa faceta de Asiget le encantaba.
—Como ordene, su majestad —respondió él con picardía.
El Alfa se acomodó mejor frente a ella y la atrajo más hacia el borde de la camilla. Extrajo su miembro y la embistió allí mismo, a lo que todo el cuerpo d