Asiget aún podía sentir aquellas manos hundiéndola bajo el agua. La sensación seguía adherida a su cuerpo: la presión sobre su cabeza y su espalda continuaba oprimiéndola mientras intentaba desesperadamente incorporarse dentro de aquella oscuridad líquida que le arrebataba el aire.
Justo cuando sintió que se estaba quedando sin oxígeno, abrió los ojos de golpe.
Se incorporó abruptamente sobre la cama, jadeando con dificultad, llevándose una mano al pecho mientras trataba de recuperar el aliento