Las dos continuaron lanzando comentarios similares, a lo que Asiget rodó la mirada con hastío, sintiéndose exhausta de soportar aquella clase de humillaciones constantes. Era como convivir rodeada de espinas, donde cada palabra buscaba herirla un poco más.
Las sirvientas terminaron de preparar la gran tina de madera, la cual quedó llena de agua tibia, perfumada con flores de lavanda flotando sobre la superficie y aceites aromáticos con un olor relajante. Después de eso, ambas regresaron hacia e