C30: TU VIDA EN MIS MANOS.
—¿El olor de otra loba…? —repitió Raihan, perplejo.
Entonces cayó en cuenta. Asiget había reconocido el aroma de Asya sobre él. Y aquello, lejos de hacerlo sentirse culpable, despertó una especie de satisfacción arrogante en su interior.
—Así que eso era lo que te molestaba —resaltó con una sonrisa—. Pues sí, pasé la noche con Asya. ¿Y qué? ¿Desde cuándo eso tendría que importarte? No eres mi dueña, Asiget. Yo duermo con quien quiero.
La rabia de Asiget aumentó todavía más al escucharlo hablar