Augusto escuchaba en silencio.
Las palabras de Thamires llegaban hasta él.
Pero no lo tocaban.
Él mismo se había hecho aquellas preguntas miles de veces.
También había recordado una y otra vez los viajes, las risas y los días en los que creyó tenerlo todo.
Pero nada…
absolutamente nada…
era capaz de borrar la escena que lo había destruido.
La traición.
Thamires continuaba con su espectáculo.
Entre sorbo y sorbo de whisky, su voz comenzó a arrastrarse.
Los ojos se humedecieron.
Las manos temblab