Eloise bebió el whisky de un solo trago.
El líquido le quemó la garganta como fuego, pero el dolor en el pecho seguía siendo más fuerte.
Palpitante.
Persistente.
Apoyó el vaso sobre su pierna y se dejó caer contra el sofá, como quien necesitaba algo que sostuviera el alma dentro del cuerpo.
El silencio continuaba.
Pero esta vez… fue Augusto quien habló primero.
—Yo también sentí ese dolor.
Su voz no llevaba compasión.
Era sobria. Densa.
Como si estuviera reviviendo algo que prefería mantener en