NECESITO TU AYUDA
El aire se tornó pesado, casi irrespirable. Las palabras de Ivy golpearon a Alana como un trueno y su garganta se cerró tanto que incluso sintió que se asfixiaba.
Alana se levantó de golpe dando unos pasos rápidos e Ivy la siguió hasta que tomó su brazo.
—Ivy… déjame.
—Escucha.
—¿Qué? ¿Qué más hay para decir? ¿Has ocultado a tu propio hijo? ¿Puedes pensar en el dolor que le causarás a Ángelo? Él… —A Alana se le quebró la voz e Ivy levantó el mentón.
—Nadie ha sufrido más que y