EXISTE…
—Alana… —Alana intentó parpadear, pero le dolían los ojos. No sabía cuántas horas había llorado, y sentía dos enormes yunques en sus ojos que le impedían abrirlos—. Alana… —Tomó una respiración completa, que dejó un dolor en el pecho y luego removió su cabeza.
Su cuello estaba entumecido, y tenía algo de frío.
Pero cuando ella abrió los ojos, Ivy estaba allí a su lado, con un vaso de plástico con humo caliente.
—Es café, toma un poco.
Alana se sentó derecha y apretó su cuello con las ma