ÁNGEL CAÍDO.
Alana permanecía quieta, sintiendo la tensión palpable en el aire. Ángelo había saltado la mesa de un solo movimiento para protegerla, y la intensidad de sus ojos oscuros la anclaba a su lugar. El hombre que había osado dirigirle la palabra dio un paso atrás, claramente intimidado por la imponente figura de Ángelo.
—Y como se lo dije a Ruchina, queremos estar solos…
—Oh, entendemos —dijo un hombre mirando a otro—. Entonces, creo que deberíamos dejar esta conversación para otro mom