34. Un castigo apasionado
El salón baja sus luces antes los dos. Se ha cerrado el mundo para ambos. Nada existe ahora. Se supone que debería decirle que no y marcharse. La clara advertencia de su mente le dice que se abstenga, pero Azucena, mirando la mesa con sus labios carnosos ya húmedos, no puede evitar la lujuria que sobrevuela en cada poro de su cuerpo.
Desde anoche, cuando lo vio sin nada, lo tiene grabado en su mente. ¿Por qué su cuerpo reacciona ante sus órdenes? Puede seguir fingiendo, ¿verdad? puede fingir su