EVELIA
—Oliver ya déjame por favor— le pido al mismo tiempo que trato de terminar de arreglar mi maquillaje para irnos a trabajar.
Me tiene abrazada por la cintura y mordiéndome de manera cariñosa las orejas, provocando cosquilleos en todo mi cuerpo.
—Nos tenemos que ir, si no llegaremos tarde— le digo entre risas —y tú eres el dueño, pero yo soy una empleada más, no puedo dejar que mi jefe me regañe.
—No te preocupes, a tu jefe le encantará que llegues tarde, si es por los motivos que estoy pe